Dicen que los jóvenes somos desmemoriados. Y dicen además, que somos tan manipulables como los militares que votaron por el poto de Susy Díaz. ¿Y saben qué es lo peor? Que el movimiento juvenil que avala el Movadef es prueba irrefutable de ello.
Vamos por pasos:
Sí, es cierto que Sendero Luminoso comenzó como un movimiento ideológico e intelectual. Desde su concepción, Abimael Guzmán se dejó enamorar por los postulados de Marx y Mao, y por la tesis que sostiene que una reforma comunista se debe plantear en base a una revolución. Por supuesto, en este punto, por revolución se entiende a una dictadura del proletariado guiada por la masa intelectual y enfrentada contra el demonio capitalista, las cúpulas de poder y la gran y pequeña burguesía. Es decir, un movimiento de rebelión que debía parecerse a la revolución cubana, a la china, o a la rusa. Pero no fue así.
Y no fue así porque el Pensamiento Gonzalo -y específicamente su líder, Abimael Guzmán-, lejos de armar una revolución del campesinado, se fue contra él. Su propia masa de lucha, su verdadera arma de combate, fue asesinada sin titubeos ni causas lógicas. La política fue una sola: o estás con nosotros, o te vas al infierno. Prueba de ello, fueron las matanzas a pedradas en Lunamarca y el espantoso asesinato de María Elena Moyano. El pueblo contra el pueblo, y el gobierno del terror. Es allí donde Sendero Luminoso deja de ser una suerte de marea ideológica para convertirse en un movimiento terrorista. Ojo: terrorista y no, comunista.
Por otro lado, ¿qué es lo que pretende el Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales? Pues, simple: hacer borrón y cuenta nueva sobre los cadáveres de sesenta mil asesinados. Dejar suelto en plaza a Abimael Guzmán y a sus cómplices, además de los militares que también asesinaron, violaron y torturaron al pueblo peruano. Esconder bajo la alfombra el respeto por los fallecidos y los torturados, y jugar a que aquí no pasó nada. En otras palabras: limpiar con amnesia colectiva la sangre derramada.
Ellos dicen: ¡abajo el resentimiento! ¡Comencemos de nuevo como nación! ¡Apoyemos al pueblo! Pero, señores, ¿cómo pretenden ustedes apoyar al mismo pueblo que sus líderes -y mentores- dispararon a matar? ¿cómo se ayuda a un pueblo enseñándoles que la justicia es -casi literalmente- un cuento chino? ¿Cómo?
Por otro lado, también nos encontramos frente a otro contexto sumamente delicado. Y es que el Movadef ha abierto heridas que además de provocar terror, incitan al peruano a buscar a ciegas una fuente de protección paternalista. ¿Y quién sería ese escudo erróneo y desfigurado para el peruano promedio? ¿Adivinan?
¡Sí! Nada menos que Alberto Fujimori, uno de los más grandes genocidas de nuestra historia. El supuesto vencedor del terrorismo y la otra cara de la carnicería vivida a comienzos de los años noventas. El verdugo que se encargó de desaparecer a miles y de suprimir a los enemigos de estado -sin que fueran necesariamente, terroristas. Ese supuesto héroe que desmanteló el país como un colono del siglo XIX, y que torturó a nuestros compatriotas en las escalofriantes salas del SIN.
¿Derechos fundamentales? ¿Amnistía?... Señores del Movadef, acá el único concepto que los peruanos necesitamos es: Derechos Humanos. Y eso significa hacer justicia por las millares de vidas que ustedes y Fujimori apagaron para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario