Escribir guiones de telenovelas debería ser una terapia considerada por cualquier psicoanalista. Solo así, solo en cada exageración, en cada giro dramático, en cada escena de protagonistas; uno se encuentra con el yo que es, que fue y que será. Con cada uno de los demonios que enterró en cualquier lugar, y con los que conviven bailando de sinapsis en sinapsis. Escribir guiones es dejar que los personajes hablen a través de ti y decir lo que callaste, lo que te tragaste, o lo que olvidaste. Es darte la última chance, pero en la ficción. O quizá, por otro lado, parafrasearte a ti mismo, estrellarte con el pasado y con las mil y un frases afiladas que soltaste por pura supervivencia. Es inspeccionarte bajo otra óptica, bajo un lente objetivo, externo y exquisitamente voyeurista. Es convertirte en personaje y decir: bueno, no estuvo tan mal finalmente. El tipo parece en su razón, quizá yo también lo estuve.
Y soltar una sonrisa, seguida de un: mierda, cómo amo este trabajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario