sábado, 18 de febrero de 2012

Confesión I.

Escribir guiones de telenovelas debería ser una terapia considerada por cualquier psicoanalista. Solo así, solo en cada exageración, en cada giro dramático, en cada escena de protagonistas; uno se encuentra con el yo que es, que fue y que será. Con cada uno de los demonios que enterró en cualquier lugar, y con los que conviven bailando de sinapsis en sinapsis. Escribir guiones es dejar que los personajes hablen a través de ti y decir lo que callaste, lo que te tragaste, o lo que olvidaste. Es darte la última chance, pero en la ficción. O quizá, por otro lado, parafrasearte a ti mismo, estrellarte con el pasado y con las mil y un frases afiladas que soltaste por pura supervivencia. Es inspeccionarte bajo otra óptica, bajo un lente objetivo, externo y exquisitamente voyeurista. Es convertirte en personaje y decir: bueno, no estuvo tan mal finalmente. El tipo parece en su razón, quizá yo también lo estuve.

Y soltar una sonrisa, seguida de un: mierda, cómo amo este trabajo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario